
A LA DERIVA
por
Gilberto F. Rodriguez
Las olas se estrellaban contra el costado de estribor, lanzando
salpicaduras a nuestros ojos y chorro tras chorro del salino liquido
al interior de la cabina; el mástil se sacudia libre de carga como
los potros cerreros cuando juguetean en las montañas rocallosas. El
último jirón de la telas se abria paso a tropezones entre cresta de
ola y bocanada de tormenta. El bote corria de costado, manipulado a
gusto por las ondas descaradas...al garete. La pala del timón flotaba
burlona a unos pocos metros de la borda. Una carcajada de las aguas
le habia arrancado de sus soportes y ahora le mecia como a diosa en
hamaca de mullidas cuerdas. Un remo era mi medio único de propulsión
ahora, como si el espiritu de Saint Elmo quisiera robarme todos las
pocas energias que me quedaban para usarlas en la noche como lumbre a
su supuestamente maldita luz de los mares.
Las jarcias, alguna de las cuales habia sido arrancada de sus bases
en la cubierta revolaban en todas las direcciones cual columpio en el
parque movido por traviesos pillines, aunque a mi se me antojaban
péndulos en la torre de la catedral. "Tengo que amarrar esos cables
o..." Me dije, sin poder concluir la frase: un fuerte latigazo me
rajó la cabeza. Ahora el agua y el rojo liquido me corrian por los
ojos haciéndome mucho mas dificil la misión, porque los bandazos y
sacudidas eran tan violentos la experiencia y habilidades mias
estaban siendo puestas a una dura prueba.
Al fin limpiandome la sangre del rostro con el dorso de el antebrazo
derecho, de un salto atrapo el dichoso cable de la jarcia y me aferro
al mismo, pero...Una ola que casi vira el bote completamente, lleva
el palo casi hasta el punto de tocar las olas y, de paso, me tira,
jarcia en mano, fuera de la cubierta, al mar. Pero, -¡Ah, gato; que
uñas te gastas!- no logró hacerme soltar el cable. No solo mi cuerpo
colgaba de el mastil en este juego de gato y ratón sinó, mi propia
vida. Usando mas fuerzas que las que ya me quedaban, en un instante
en que el peso de mi cuerpo, por unos pocos segundos, envolvi mi
brazo derecho en el cable en forma de espiral y me amarré la punta
del mismo alrededor de la cintura.
La próxima ola, que ahora era menos violenta pero mas alta, devolvió
el nivel del bote hacia el lado opuesto, con lo cual el mástil tiró
de la jarcia y el cable de la jarcia tiró de mí. Crei que se me
desprendia el brazo del cuerpo cuando volaba por sobre la cubierta
golpeandome cada hueso del cuerpo como si el cocinero del infierno
hubiera decidido hacer un amasijo de carnes a costa de mis piernas.
Pero no logra hacerme soltar el cable. Ni cuando estaba en el agua,
fuera de el bote, ni ahora, forcejeando con el cable en cubierta.
Y logré al fin atar el cascabel al gato. Un problema menos.
El viento no amaina, el bote sigue acumulando agua en su vientre, con
lo que se hace mas cruel y violento cada bandazo que sufre. Pensé que
si derribaba el mástil podia ciertamente aminorar la violencia de los
vaivenes de costado, pero, a veces lo que parece malo, no es siempre
lo peor...Y, luego, -¿con que se sienta la cucaracha?- todo lo que
estaba suelto habia caido al mar ya... y el hacha tambien. Nada habia
con que cortar el dura palo de la vela.
Miré de pronto hacia el agua que ahora se gozaba de su triunfo,
bailando allá dentro de la cabina. "¡Hola, estamos de fiesta!" -me
dije. La botella de cognac que siempre me acompañaba en mis
aventuras, mirándome descaradamente, danzaba al compás de un Strauss
empedernido que pretendiera robarle su reino al Rey Neptuno, y,
desnuda ahora de su etiqueta, como que me retaba a libar.
Cognac, mujer, hembra, salvación, compañera fiel....
Tragué como un bendito que se arrastrara a los pies de una diosa
tentadora y silente besandole los pies por su bendicion. Y al hacerlo
y echar la cabeza hacia atras, en el momento que una ola chocaba,
resbalando caigo boca arriba mientras un chorro del cálido licor se
derrama sobre mi cara. "Ah, bueno, tambien me quieres curar la
herida...", y me lo froté sobre la herida, mezcla de agua licor y
sangre.
Los dias pasaron. Cuando las olas se calmaron un poco yo logro con el
remo volver el bote popa al viento y, de ese modo, el pelado y alto
palo, al ser empujado por el viento me sirve de una suerte de
esqueleto de vela. Pero en cuando al agua, no tengo medio alguno
para sacarla, con lo que se hace muy dificil avanzar en dirección
alguna, como no sea hacia el norte. Las aguas de el Atlántico, dada
la posición por la cual yo navegaba cuando empezara la tormenta, por
mucho que el viento del Norte me empujara hacia el sur, el calado que
el agua abordo me le habia impuesto a mi bote tenia por fuerza que
haberme llevado al menos unas cuantas millas en dirección norte,
Terranova, Groenlandia, Islandia, tal vez Portugal, Noruega...
Pensé en Julio Verne, y en su Capitán Nemo viéndose arrastrados hacia
el Maelstrom. Horror. Me rei de mi mismo. A que pensar en ser
tragado por los remolinos de el Maelstrom, cuando las quemaduras del
sol y el salitre que ahora carga mi piel, el hambre y la sed que
calan mis mas profundos tuétanos, y la incertidumbre que conllevan
los horizontes desiertos... Comencé a cantar.
Por favor, olas amigas, no se enojen de nuevo, canto para ustedes.
Un tiburón curioso se aposta cerca del bote. Nos miramos...una y otra
vez. Pienso. Nos miramos muchas veces y entra la noche. "En la
noche vendrán sus amigos y familiares; probablemente ya este cachondo
les ha mandado aviso: "Venga uno, vengan todos, que hoy comemos..."
Y me antojo yo de pensar en hacerle una pregunta al buen
animal: "Oye,¿hermano, quien se va a comer a quien?"
Pero el tiburón luce joven y saludable y, con una dentadura
perfectamente afilada por uno de aquellos gallegos que con un aparato
de una rueda, pedal y piedra afilaban las tijeras de las amas de casa
isabelinas, mientras que yo, a mas de dos semanas de separación de
una comida, las encias adoloridas, la boca reseca y el orine en
candela, ¿con qué cuento para la cena? Rie, alegrate, estás vivo,
mira al futuro, allá alante hay un puerto....ja, ja, ja!
Cuando miré a mi alrededor no tenia la menor idea de donde estaba, ni
de que hacian todos esos hombres uniformados trabajando afanosamente
en y sobre mi, y esos saltos y chillidos.
¡Bien; ya vuelve, está vivo!
¡Ya vuelve!¡ Vive.
¡Lo salvamos!...
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